Orígen de la Terapia
CraneoSacral
La
Terapia CraneoSacral tiene sus inicios en 1970 cuando el
médico Osteópata John E. Upledger es testigo
del movimiento rítmico de la médula durante
una intervención quirúrgica.
Dos años después, el
Dr. Upledger asiste a un curso corto de Osteopatía
Craneal desarrollado por el Dr. William Sutherland. El curso
se enfocaba en los huesos del cráneo, los cuales
continuaban siendo móviles durante todo la vida de
la persona.
Al reunir toda esta información,
más el extraño pulso rítmico que había
observado años atrás, el Dr. Upledger creó
la teoría del funcionamiento de un sistema semi-hidráulico
dentro del sistema CraneoSacral (compuesto por el encéfalo,
médula espinal, liquido cefalorraquídeo, meninges,
huesos craneales, pelvis y sacro) y posteriormente buscó
confirmar su teoría.
En 1975 se unió al colegio
de Osteopatía de la Universidad Estatal de Michigan
como investigador clínico y profesor de Biomecánica.
Allí condujo a un grupo de estudiosos de anatomía,
psicólogos, biofísicos y bioingenieros para
que probaran y documentaran la influencia de la terapia
en el sistema CraneoSacral.
Por primera vez se pudo explicar
el funcionamiento del sistema CraneoSacral, y demostrar
como una terapia de contacto tan sutil podría ser
utilizada para evaluar y tratar disfunciones en le cerebro
y médula espinal.
Forma
del Tratamiento
El
terapeuta percibe los movimientos sutiles del cuerpo, sus
ritmos, pulsaciones y patrones de congestión y resistencia.
Esta percepción a través de técnicas
de palpación específicas proporcionan información
importante sobre el funcionamiento de la persona en su totalidad.
En
respuesta a golpes físicos, o tensiones, problemas
emocionales, etc. los tejidos del cuerpo se contraen. En ocasiones,
esta contracción - sobre todo si el golpe ha sido fuerte
o el trauma emocional intenso - queda contenida en el cuerpo,
limitando su buen funcionamiento, y creando restricciones
que provocan problemas que pueden durar años.
El
cuerpo las refleja como áreas donde se percibe congestión
o restricción del movimiento craneosacral. Un terapeuta
entrenado puede percibirlas, identificar su origen y trabajar
con ellas.
El
terapeuta utiliza sus manos para reflejar al cuerpo del cliente
el patrón que está conteniendo; al hacerlo,
éste tiene la oportunidad y la opción de soltar
ese patrón restrictivo y encontrar una nueva forma
de organizarse.
Siguiendo
este principio fundamental, el terapeuta nunca impone un nuevo
orden sobre el cuerpo de la persona, ni fuerza a su organismo
a hacer algo para lo que todavía no está preparado.
Es el mismo sistema del paciente es el que da la pauta de
su proceso de curación. El terapeuta craneosacral sintoniza
con la sabiduría interna del cuerpo del paciente y
sigue las pautas que le indican.
Cuando
se liberan las tensiones, se libera también la energía
que antes se utilizaba para mantener la contracción
(y por ende la tensión). Por lo tanto, uno de los beneficios
de esta forma de terapia corporal es devolvernos nuestro nivel
original de energía y a la vez producir una relajación
más profunda cuando sea necesario.
Generalmente
es necesario realizar una serie de sesiones para obtener todos
los efectos beneficiosos que esta terapia puede ofrecer.
La
terapia craneosacral es tan suave, no invasiva y segura que
resulta siendo apropiada para personas de todas las edades,
desde ancianos hasta niños y bebés, así
como durante el embarazo y posparto, después de una
operación, un accidente o en condiciones de fragilidad
tanto física como emocional.
Beneficios de la Terapia
Al
tratarse de una terapia que trata todo el cuerpo, puede ayudar
a las personas con casi cualquier condición, incrementando
su vitalidad y permitiendo utilizar sus propios recursos de
autocuración.
La
siguiente lista muestra algunas de las condiciones, entre
otras no nombradas, que pueden responder favorablemente a
la terapia craneosacral.
•
Alergias
• Alteraciones de la ATM
• Ansiedad
• Artritis
• Artrosis
• Asma
• Bronquitis
• Ciática
• Depresión
• Diabetes
• Dificultad en el embarazo
• Dolor articular
• Dolor y tensión
• Escoliosis
• Estrés
• Hernias
• Hiper o hipotiroidismo
• Hiperactividad
• Insomnio
• Lesiones deportivas
• Lumbago
• Migrañas
• Neuralgias
• Parálisis facial
• Problemas digestivos
• Secuelas de accidentes
• Sinusitis
• Zumbido en los oídos
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